EL DÚO DE ORO: LA PAREJA QUE ALBOROTA LAS PEÑAS CON SUS PELEAS MUSICALES.
La guerra de los sexos a la criolla
Guillermo Peralta y Norma García son esposos y también son contrincantes. Son compañeros de trabajo y quienes los oyen insultarse en público dirían que se odian. Cada fin de semana, ellos arman la jarana y también la batalla, pues su espectáculo consiste en un contrapunto musical en el que ambos defienden su género valiéndose de las letras afiladas de los valses más rencorosos y despechados.
Lo que no vale se bota y no se recoge en la vida jamás, algo de eso eres tú, no vales nada.
Eso le cantó Guillermo a Norma en una reunión familiar que ellos estaban animando junto a Juan Valdivia, un showman que quiso hacer un trío mixto al mejor estilo de Los Kipus. La gente sabía que Guillermo y Norma eran novios y que sería divertido pedirle a Norma que le conteste. Ella no se quiso quedar atrás y le respondió con una versión recargada de Ese hombre, sazonando el vals con su propio condimento para devolver la cachetada:
Ese hombre que ustedes ven ahí... perdón... ese medio hombre que usteden ven ahí, que parece tan galante, tan atento y arrogante, lo conozco por ahí. Es un gran necio, un estúpido engreído, egoísta y caprichoso, un payaso vanidoso...
Luego del éxito que sucitó este contrapunto, se animaron a llevar el espectáculo a las peñas “La Casa Edith”, “La Palizada” y “Sachún”. En todos lados saborearon los aplausos del público que siempre les pedía más al “Trío de Oro”, que fue como los bautizó la tía Elsa, una señora muy conocida en el ambiente criollo por ser la madrina de muchos artistas. Al separarse de Valdivia, que hizo su propio camino, Guillermo y Norma se quedaron como el “Dúo de Oro”, nombre artístico con el cual se presentan hoy en diversas peñas e incluso en casinos y restaurantes.
Cada viernes o sábado se presentan en tres o cuatro peñas haciendo un promedio de media hora en cada una. En el Día de la Canción Criolla llegaron a presentarse en cinco locales, desde el casino del Hotel Sheraton hasta La Estación de Barranco. Para poder llegar de un lugar a otro de la ciudad, tienen que pisar el acelerador hasta que las agujas marquen 140 kilómetros por hora si es necesario para llegar a tiempo a la siguiente peña.
En su casa nunca se pelean, pues prefieren dejar las peleas para el escenario. Tienen una complicidad y una química tan grandes en el escenario que si Norma se atraganta o se cansa, solo basta que mire a Guillermo para que él haga la primera voz mientras le da tiempo a su compañera para que tome agua o se reponga.
No tienen un programa fijo para cada lugar en el que se presentan, porque varía de acuerdo al público ante el cual se van a presentar. No es lo mismo cantar para los veteranos que asisten al “Sachún”, que animar a los jóvenes que se jaranean en “Don Jijuna”. Pero todo auditorio reacciona emocionado cuando comienzan su espectáculo cantándole al Perú.
Y se llama Perú con P de Patria, la E del ejemplo, la R de rifle y la U de la Unión. Yo me llamo Perú, pues mi patria es peruana, con la sangre y el alma, pinto los colores de mi Pabellón.
Una vez que inflan los fervores patrióticos de la gente y que han tanteado sus gustos, ya se animan a resucitar los clásicos del cancionero criollo. Por ejemplo, no pueden dejar de cantar Mal paso o Propiedad privada porque el público siempre las reclama. Y cantan a dúo con ellos, desgañitándose:
Argumentando que tienes mala suerte, vas contándole a la gente la razón de tu fracaso, pero la gente, que es tan cruel y despiadada y que no le importa nada, se ríe de tu mal paso. Ahora sufres y vives angustiada (o), ya verás lo que te toca, siempre fuiste caprichosa (o). Dice la gente, que es tan cruel y despiadada, que si estás abandonada (o), es porque no eres gran cosa.
Calentados los ánimos y enganchado el público, Norma y Guillermo comienzan con su contrapunto y como dos gallos bravos, se enfrentan en el escenario a punta de valses cargados de rencor y despecho.
Víbora, ese nombre te han puesto porque en el alma llevas el veneno mortal de la calumnia y la maldad.
Ambos buscan la complicidad del público de su mismo sexo y de pronto no es solo Guillermo quien le está cantando Víbora a Norma, sino son todos los hombres presentes los que condenan a la cantante por ser la abanderada de todas las mujeres ponzoñosas.
Han probado en varias oportunidades que sea Guillermo quien termine el espectáculo, pero las mujeres que participan en esta batalla nunca lo permiten e instan a Norma a que sea ella quien tenga la última palabra. "¡Respóndele, por favor!"
Y tú te crees valiente, porque pegas un grito y me haces callar delante de la gente. Valiente. Y a la hora de amar te quieres escapar, falso amante ardiente. Tú te sientes valiente, porque a tus amigos les cuentas historias que ni te las crees. Ardiente. Y te tiemblan las piernas cuando una mujer te pide lo que no tienes.
Guillermo aclara que lo que no tiene es plata, por si acaso, pero las féminas celebran la ocurrencia de su representante en el escenario y saben bien que Norma se refiere a otra cosa... mariposa.
El Dúo de Oro concibe su espectáculo como una guerra de los sexos y se sienten tan satisfechos de la peculiaridad de su show que comentan, como quien no quiere la cosa, que “una cantante muy famosa que está de moda canta los mismos pedacitos de nuestras canciones y con los mismos gestos”.
No creas que si tú me dejas, te voy a rogar. Tendré que buscar otro amor, pero que tenga más... (Norma frota el índice y el dedo medio con el pulgar haciendo alusión al dinero).
En una ocasión, mientras los cantantes criollos hacían sus compras en el supermercado, se les acercó una chica para felicitarlos y contarles que antes ella vivía enamorada de su esposo, aunque él era un patán porque la había abandonado junto a sus dos hijos. Hasta que vio el show del Dúo de Oro y dijo “se acabó, nunca más voy a rogarle a ese hombre para que regrese” y a partir de ese momento se sintió una mujer libre y se olvidó que su esposo existía. Pero también les han contado casos de parejas que se habían separado, pero al ver el show sienten un aliciente para disculparse y volverlo a intentar.
Para que sepan todas que tú me perteneces, con sangre de mis venas te marcaré la frente, para que te respeten aun con la mirada y sepan que tú eres mi propiedad privada.
Norma confiesa que si le dan a escoger entre el enfrentamiento y la reconciliación, ella disfruta más peleándose. Pero llega un momento en ciertas peñas en que la gente les pide un beso para que dejen de pelearse y ellos se mandan con Quiero que estés conmigo, vals romanticón que es el punto final ideal para públicos no tan belicosos que prefieren la paz del amor antes que la bilis del desamor. Y después de cantar ese vals, ellos deben contener las lágrimas que quieren desbordarse por la emoción de seguirse amando como hace 22 años.
Quiero que estés conmigo cuando llegue el silencio, cuando me encuentre solo, quiero que estés conmigo, cuando no haya aplausos (...) Compartir juntos lo mucho que nos queda, yo tengo para darte cariño una vida nueva. Mira, cuando llegue ese momento no habrá penas ni tristezas, no habrá envidia ni rencores. Sólo sé que mis amores siempre fueron para ti. Quiero que estés conmigo, mi amor, siempre conmigo.

